El último Narciso

Zoe es una chica cuya vida entra en la inevitable rutina y normalidad. Los días son largos y la más difícil decisión que debe tomar es ¿Qué usar al día siguiente?. Pero, un día aparecen en su vida tres chicos cuya belleza va más allá de lo posible. Sebastian se adueña de su corazón casi al instante mientras que Caleb se convierte en una piedra en el zapato.
Al poco tiempo de aparecer en su vida, comienzan a acontecerle cosas extrañas. Cada vez que está con Sebastian termina perdiendo el conocimiento. Un horrible presentimiento se comienza a desarrollar en su cabeza y en medio de todo el temor decide acudir a Caleb en busca de respuestas. Lo que no sabía es que no estaba preparada para recibir esa información.
bannerPronto se ve sumergida en una espiral, donde todo lo que creía conocer es una mentira. Un secreto que existe desde el comienzo de la humanidad, un secreto que Sebastian, Caleb y Darious comparten. Luego de encarar a Sebastian sobre su verdadera naturaleza de ángel caído, el temor y la desconfianza es demasiada para continuar, siendo el amor insuficiente.
¿Qué serías capaz de hacer por amor? ¿Podría el miedo vencer el amor más intenso? O ¿El amor sería capaz de superar barreras inimaginables poniendo en riesgo su propia vida?

Extracto:

Me encontraba en la terraza, observando el atardecer, alucinando con tener otra vida que no fuera la mía; queriendo ser alguien más, alguien libre, capaz de ser quien quería ser, sin temer a la decepción de todos, sin esperar la aprobación del mundo. Cuando un viento helado me despertó de mi sueño y me devolvió a la realidad; en donde el sol del crepúsculo avisaba el fin de otro día, pero que para mí era tan solo el principio de una tortura.
Cada noche vivía lo mismo. El mismo sueño, una y otra vez, se colaba en mi mente y nunca lograba llegar a su final.
Un chico misterioso toma mi mano y me saca de la horrible oscuridad en la que me encuentro, un espacio tétrico y gélido, donde el aire es sofocante y tiene un olor a azufre e infierno, eso me imaginaba. Donde las sombras se levantan imponentes y arremeten contra mí, pero sin tocarme físicamente, traspasan mi cuerpo hasta llegar a mi alma y la aprisionan; no logro respirar y con un grito ahogado pido ayuda, pero nadie parece escuchar, hasta que él surge desde entre las sombras y me saca de allí. Me lleva lejos, a un lugar hermoso, un majestuoso lago, donde los narcisos y los nenúfares son los protagonistas de esa obra tan maravillosa. Una belleza y paz celestial dominan todo el espacio y siento que me embriagan con la más dulce miel de la felicidad. Pensaba que así sería el poder tocar el cielo con las manos, una sensación mágica y más allá de cualquier entendimiento.
Me encontraba tan asombrada detallando cada espacio de ese lugar tan perfecto, que, por unos segundos, me olvidaba de la presencia de mi misterioso acompañante. En ese momento, decidía darme la vuelta para observarlo por primera vez, pero se hallaba de espaldas hacia mí, observando el otro lado del lago. Era como si ese imponente espejo de agua le estuviese hablando, dándole un mensaje muy importante, y más sorprendente aún, parecía estar encontrándole sentido a lo que decía. Justo ahí, un escalofrío recorría todo mi cuerpo, la sensación de paz que antes me embargaba ya desaparecía por completo, el pánico invadía mi ser, me encontraba a pocos segundos de salir corriendo, huir de ese lugar; desgraciadamente mis estúpidas piernas no reaccionaban, habían elegido el peor momento para petrificarse, estaba atascada, o mejor dicho, plantada en la tierra sin poder mover un músculo, sin poder gritar ni pedir ayuda.
Para mi sorpresa, el miedo se desvanecía cuando comenzaba a observarlo fijamente, su belleza me paralizaba nuevamente, pero esta vez de una manera diferente. Su melena oscura y alborotada brillaba a la luz del sol, del mismo modo en que la Vía Láctea se ve en el oscuro cielo de una noche fría. Su torso desnudo, pétreo y perfecto como la más fina porcelana. Aún no lograba verle el rostro, sin embargo, estaba completamente segura de que debía ser igual de hermoso, justo como el más deslumbrante de los celestiales ángeles del cielo.

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