Coleccionando Corazones..

Debido a la maravillosa colaboración de personitas increíbles y fantásticas como Nicole Alejandra Mella, Xulita Minny, Roxy Gonzalez, Jenny López, Cristin Ferro y muchas más como el grupo de Divinas Lectoras. He considerado la opción por una idea que me sugirió una amiga de abrir la oportunidad de colaborar con la portada de mi próxima novela. Coleccionando Corazones, ya Xulita y Roxy saben lo que se vienen.

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Es por ello que acá les dejo el prólogo y el primer capítulo de esta novela en construcción.

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Prólogo

Muchos tendrán un nombre poco amigable para definirme, podrán llamarme perra, zorra, mujerzuela, entre otros muchos nombres impronunciables. Todo esto porque soy una señorita y las señoritas no deben actuar de esta forma. En cambio, si lo hiciera un hombre sería alabado, elogiado por cuantas más mujeres fuese capaz de llevarse a la cama o a cualquier otro tipo de superficie, con tal y consiguiera que éstas se abrieran de piernas. Y el triunfo sería mayor si lo hace mientras se encuentra en una relación “comprometida” y la pareja no logra darse cuenta de ello. Si una mujer lo hace, noooo le caerán las diez plagas de Egipto.

Hay diferencia entre estos dos actos….. ¿a quién engaño? Son iguales, la diferencia radica en el doliente. Las mujeres somos culturalmente preparadas para soportar, tolerar, hacernos las tontas e incluso en la mayoría de los casos, perdonar la traición, el engaño, la infidelidad y la deslealtad. Desde niñas nos enseñan que el hombre es un animal y como tal es incapaz de controlar sus impulsos sexuales y agresivos, así que la única opción viable es tolerarlo o no estar con ellos. Generalmente, las mujeres optan por la primera. Nos enseñan que el hombre está genéticamente creado para ser infiel, la monogamia no está impresa en su ADN.

Por esta razón, los hombres en su creencia de ser omnipotentes e irremplazables, no están preparados como las mujeres, para ser traicionados y cuando esto ocurre, algo en ellos se rompe, algo muy valioso y no hablo de su corazón, no, hablo de su orgullo. Cuando algo se rompe, trae consecuencias y ellos no están preparados para el dolor a continuación.

Así que en resumidas cuentas, para ellos soy una perra, no sólo por esto, sino porque la mujer debe ser casta, pura, debe esperar al caballero de brillante armadura y reservarse sólo para él. Una mujer no puede ser consciente de su cuerpo, de sus fantasías y deseos, más aún, una mujer no puede atrever a satisfacer ambos. En cambio, yo prefiero el término de mujer responsable y sobre todo dueña de su sexualidad en todo su esplendor. Porque de ahora en adelante, ya no habrán más represiones, es momento de comenzar a vivir y experimentar. Además si los hombres y la sociedad patriarcal en la que vivimos dice, es más se ha empeñado en afirmar incluso mediante estudios científicos, que la monogamia no es propia del hombre. Si es así, entonces no debería ser propia de la mujer, así que es hora de que alguien se lo plantee y responda a la pregunta que muchas nos hacemos ¿Es la fidelidad una decisión?

 

 

CAPÍTULO 1

Desperté con un dolor punzante en la cabeza, dolía, dolía demasiado. Me hice un ovillo en la cama cubriéndome la cabeza con el cobertor, los rayos de sol que se colaban por la ventana escocían mis ojos. No volvería a beber de esa forma, me sentía fatal. El repiqueteo del teléfono al otro lado de la habitación me impidió retomar el sueño. Por más que me cubriera la cabeza con la almohada, edredón, sábana o cuanta cosa encontrara de por medio, el sonido molesto del teléfono no paraba.

Estiré mi mano hasta la mesita de noche en busca de mi móvil para observar la hora. No entendía cómo podía alguien llamar a tan tempranas horas. Encendía el celular y al ver la hora hice una mueca. Once y media de la mañana, no era tan temprano.

—Maldita sea, no volveré a beber de esa forma —maldije por lo alto incorporándome para ir en busca del teléfono.

Apenas coloqué los pies en el suelo frío y estuve del todo vertical, el punzante dolor en mi cabeza se agudizó y tuve que espabilar unos segundos, me encontraba mareada. Era una de las peores resacas que había tenido en la historia, no volvería a beber tequila.

Tomé el teléfono y regresé a la cama.

—Hola.

—¿Se puede saber dónde has estado metida que no me contestas el teléfono señorita? —la voz de mi madre sonaba enfadada.

—Durmiendo —rezongué malhumorada.

—No me digas que has salido anoche.

—No te diré que he salido anoche.

—Déjate de tonterías Laura Monserrat Montesano Rivera —odiaba cuando usaba mi nombre completo.

—Mamá…

—Sabes que no estoy de acuerdo con que salgas a esas fiestas hasta tan tarde. ¿Tan siquiera ha ido Héctor contigo?

—No. He salido con las chicas —suspiré. Mi madre podía ser un verdadero dolor en el trasero cuando se lo proponía. El sonido agudo de su voz hacía doler más aun mi cabeza.

—¿Y eso por qué? Héctor es tu novio —exigía saber.

—Mamá no voy a hablar de mi relación con Héctor ¿Por qué has llamado tan insistentemente?

—Recuerda que hoy a las seis es la celebración y la presentación. Te necesito al menos a las cuatro, cariño.

Si el evento comenzaba a las seis no sabía por qué insistía en que debía estar con tanta antelación. Ni que se tratara de un evento de alfombra roja.

—Está bien —accedí de mala gana. Lo único que quería era que terminar esa conversación para conseguir dormir un poco más. No recordaba a qué hora había llegado, ni mucho menos cómo carajos lo había hecho. Por mi propio pie no había sido, no recordaba nada pasada las tres de la madrugada.

—Recuerda que tu padre también estará y se queja de que tiene tiempo que no te vé y que casi nunca atiendes sus llamadas o mensajes —me regañó mi madre.

—¿Por qué ha de ir papá? —bufé totalmente confundida—. ¿No se supone que están algo así como divorciados? Las personas cuando se divorcian lo hacen para tener vidas separadas. Además, no creí que lo quisieras ahí luego de lo que te hizo —me quejé molesta.

Mi madre era una romántica empedernida.

—Laura Monserrat —ahí vamos de nuevo con el nombrecito—, no es necesario hablar del tema. Tu padre y yo nos conocemos desde hace mucho y es normal que esté ahí para compartir ese logro conmigo.

—Está bien, me rindo. Tú sabrás lo que haces —esto era reamente absurdo. No tenía caso hacerle entrar en razón a esa mujer.

—No olvides llevar vestido y tacones —insistió mi madre. Como si no supiera que usar en eventos así.

—Lo haré. Nos vemos en la noche.

—Monserrat —exclamó.

—Bueno, bueno, en la tarde. Adiós mamá —me despedí. Esta mujer me iba a volver loca en cualquier momento.

—Te quiero cariño. Nos vemos más tarde.

Me acurruqué de nuevo en la cama, aún tenía tiempo para dormir e intentar recuperarme de esta resaca de los mil demonios. Minutos más tarde hubo un martilleo insistente en mi puerta.

—Tienes que estar bromeando —exclamé molesta.

—¿Es qué no me van a dejar dormir?

Me levanté hecha una bestia. Tomé mi bata de satén azul marino y me envolví en ella haciéndome un chongo en la parte alta de la cabeza. No podía ir a abrir la puerta en ropa interior y menos si esta era de encaje.

Se escuchó de nuevo el golpeteo insistente en la puerta. Quien quiera que fuera iba a recibir la descarga de mi furia.

—Vale, vale. Voy. Pero, ya deja de molestar a mi puerta —grité  a unos pasos de la puerta del apartamento.

Al abrirla me encontré con la última persona que quería encontrarme esa mañana. Aun no entendía por qué no había terminado con él. Todos los sentimientos hacía rato se habían ido por la borda.

—Larga noche eh —dijo con su voz grave dando un paso dentro. Se acercó para darme un beso pero logré desviar el rostro rápidamente.

—No he tenido tiempo de lavar mis dientes —respondí cerrando la puerta tras él.

—¿Te he despertado? —su expresión era de arrepentimiento. Nunca le gustaba despertarme y menos luego de una larga noche.

—Lamento decepcionarte, pero mi madre se te ha adelantado.

—Uy debió estar bueno —rió.

—Sí que lo estuvo ¿Entonces a qué has venido? No sabía que habíamos quedado hoy —pregunté con mis manos en jarras.

—Debido a la noche que sé que has tenido, te he traído el desayuno —movió la bolsa de papel frente a mi rostro—.         Un sándwich y dos café con leche cargados, como te gustan, doble espuma —me sonrió satisfecho.

Me encantaba su sonrisa, él era apuesto, quizás era una de las razones por las que seguí con él. Su metro setenta de estatura, tez clara, contextura delgada pero preciosamente definida y marcada. Su cabello oscuro, corto en punta, siempre desordenado en un aire sexy. Sus facciones cuadradas y hermosos ojos café. Siempre vestía bien, adecuado al momento. No era un modelo de portadas pero para mí era bastante atractivo.

Ahora llevaba un aire deportivo con sus jeans deslavados, remera blanca con el logo de nike y sus zapatillas blancas deportivas. Y sus infaltables lentes oscuros.

—Gracias —le di un casto beso en una de sus mejillas—. Iré por una ducha, huelo a cenicero —hice una mueca y él me correspondió con otra de mayor desagrado.

Tomé una ducha corta pero reconfortante. Lavé mi cabello un par de veces para borrar el olor a cigarrillo, sudor y humo de él. Salí envuelta en mi bata de baño, para encontrármelo a él recostado en mi cama cambiando los canales. Me siguió con la mirada cuando pasé frente a la televisión y me incliné en busca de ropa interior. Me coloqué las pantys bajo la bata y dejándola caer me abroché el sujetador. Héctor no dejaba de mirarme de esa manera tan lujuriosa y voraz. Hacía un par de semanas que no estábamos juntos. Ya no recordaba el por qué.

Saqué de mi armario una camiseta y un short deportivo. Me senté junto a él para calzarme las zapatillas. Él seguía devorándome con la mirada sin decir nada. No pude soportar la tensión sexual, así que abandoné la habitación en busca de mi desayuno y el elixir que había traído para mí. Apenas di un sorbo al café me sentí en la gloria. Pero el dolor punzante de cabeza reapareció.

—No volveré a beber de nuevo —murmuré.

Héctor apareció con una pastilla, sacó un vaso de la alacena y lo rellenó con agua, depositándolo frente a mí.

—¿En serio? —me miró levantando la ceja sin creer ni una palabra. Yo tampoco me lo creía.

—Bueno, al menos no volveré a beber tequila —corregí devorando mi desayuno. Me moría de hambre.

—¿Qué tal ha estado la noche? —preguntó de manera cautelosa.

—Como todas las noches de chicas. Fuimos a ese sitio nuevo, Sweete Temptation y pasadas las doce nos marchamos a Coconut Bar, porque era entrada libre para damas y los primeros tragos gratis.

—Sí, me imagino —respondió molesto.

Siempre era lo mismo con él con cada salida con las chicas, se colocaba de mal humor y con esa actitud insoportable, todo porque desde hace seis meses, luego de ver lo que ví, había decido comenzar a salir algunas noches sin él, justo como él lo hacía, sin tener ningún inconveniente ni reparo con ello.

—¿Qué pasa contigo? No sé por qué te molesta tanto, cuando ambos sabemos que tú obviamente has aprovechado de salir con tus amigos también —me quejé molesta. Arrojando el resto del café por el desagüe. Me había arruinado el desayuno.

—Me molesto, por qué sé muy bien como son esas “noches de chicas” —se quejó subiendo los decibeles de su voz, dejando en evidencia sus celos o más bien posesividad. La vena de su frente comenzaba a cobrar vida propia.

—Hacemos lo mismo que hacen ustedes. A no ser que hagas algo indebido que no te gustaría que yo hiciera cariño —le sonreí con sarcasmo. Me estaba presionando, si sabía lo que le convenía no debía ir más allá sino cortarlo aquí.

—Deja de decir tonterías —se apartó molesto— y sabes muy bien que no es lo mismo.

—Claro que lo es —le encaré ahora yo más molesta que él. No podía creer que fuese así o más estúpido—. Hablamos, bebimos, bailamos, volvimos a beber, reímos y disfrutamos. Es exac-ta-men-te lo mismo que hacen ustedes.

—No lo es. Cuando beben, ustedes se alebrestan, se descolocan, se desinhiben. Parecen…las hace ver como… —se detuvo abruptamente presionando sus labios en una tensa línea.

—¿Parecemos qué? —presioné mi dedo índice contra su pecho haciéndole retroceder—, anda, dímelo.

—No quiero que piensen eso de ti, que te vean de esa forma —escupió de manera despectiva señalándome.

—¿Qué me vean de qué forma? —me posicioné frente a él sosteniéndole la mirada. Esto tenía que decírmelo mirándome a la cara. Ya se había acabado eso de dejar ir sus comentarios, ahora tendría que llegar al final.

—Como si fueses una fácil, como todas las demás.

Quedaba colgando entre nosotros la palabra real que él estaba usando en su cabeza pero que se esforzaba por no utilizar. Yo, sin embargo, quería que terminara saliendo de su boca de una buena vez. Era bueno, saber finalmente todo lo que pensaba al respecto.

—Vamos, termina de decirlo —le sonreí con descaro—, ambos sabemos que no es todo lo que tienes para decir.

Me miró de una manera que por un momento me heló la sangre, estaba realmente molesto y más porque yo continuaba presionándole cada vez más, con el único fin de que explotara de una buena vez. Ladeé la cabeza sin apartar la mirada para que continuara, no me daría por vencida. Alcé la ceja haciéndole un ademán para que finalizara.

—No quiero que digan que mi novia actúa como una prostituta —replicó molesto. Caminando lejos de mí de un lado a otro por la pequeña sala. No podía creer que en verdad había usado esa palabra. No pensé que tuviese suficientes pelotas para admitirlo. Tenía que estar de broma este tipo.

—¿Una prostituta? Estás de broma —me reí sin poder creerlo. Él simplemente me dio una mirada molesta que hizo que todo dentro de mí se retorciera y que mi sangre hirviera de ira, de la más visceral.

—¿Por qué? ¿Porque bebo, salgo y me divierto?.

—Porque una mujer que se respete, no se va de juerga se emborracha hasta quedar como una cuba, poniendo en peligro su seguridad, bailando con extraños que solo quieren llevarte a la cama y usando esa ropa tan provocativa, andando en compañía de sólo mujeres. Que no pueden protegerte en caso de que algún baboso quiera pasarse de listo contigo.

—Sabemos muy bien, que esto va más allá del tema de “mi seguridad”. Todo esto es, porque las señoritas que se respeten no se suponen que hacen ese tipo de cosas. No debería ir a esos lugares sin mi novio, sin un hombre a mi lado que me proteja y me represente.

—No se trata de eso. Aunque sabes muy bien que la idea de que vayas a esos lugares sin mí nunca fue de mi agrado, pero tú decidiste hacerlo igualmente porque te importa poco lo que yo quiera, piense y opine.

Me quedé atónita ante sus palabras, esté sí que estaba flipando o yo estaba drogada, porque no terminaba de comprender. Era posesividad y territorialidad en su más puro esplendor.

—Claro, las señoritas decentes no se supone que lo hagan, está mal. Pero, ¿por qué no está mal que tú lo hagas Héctor?

—Porque es diferente… —se revolvió molesto y nervioso.

—¿Por qué? —le presioné. Sabía que en cualquier momento colapsaría y diría eso que ya estaba colgando entre nosotros.

—¿Por qué? —Pregunté de nuevo.

—Porque soy hombre, vale. Porque… no sé. Es así, no se ve mal que un hombre lo haga, es normal, es natural. En cambio una mujer. No, eso se ve correcto. Sólo está bien cuando el propósito es para una pasada, una noche de copas y si te he visto no me acuerdo. Uno no va a un club a buscar una relación seria y menos un noviazgo Laura.

Cada cosa que salía de su boca era mucho peor que la anterior.

—Bueno, lamento decepcionarte. Pero, continuaré saliendo con mis amigas, en ocasiones sin ti, simplemente porque así me viene en gana. En cuanto a lo de prostituta, porque no se me ha olvidado. Al menos ellas cobran por sexo, eso es ser bastante inteligentes y sacar ganancia y provecho de sus cuerpos, les aplaudo realmente, no somos quien para juzgar ese tipo de profesión. Y no creo que seas quién tampoco, para hacerme estas escenitas cuando no te he dado motivos y eres tú el que tiene cola de paja aquí Héctor, por si no lo recuerdas ¿o es necesario que hablemos de ello?.

—Ya vas a venir con lo mismo Laura, eso sucedió hace tiempo. Pensé que ya lo habíamos superado —su humor cambió abruptamente, pasando de estar molesto a nervioso y con un toque de desesperación—, cariño ya dejamos eso atrás —intentó acercarse pero le detuve.

—Entonces, creo que debes guardarte tus comentarios y llevarte tu desconfianza para otro lado, porque a mi simplemente no me interesa —me maché a mi habitación en busca de mi reproductor de música y mi identificación.  Estaba cansada de esa conversación que nunca nos llevaba a ninguna parte y el dolor de cabeza amenazaba con aumentar si seguía discutiendo con él.

No creí su desfachatez y lo descarado que era de venirme con eso, después de lo que había sucedido y de lo que yo había visto con mis propios ojos seis meses atrás. Pero, eso ya no me importaba, había dejado de importarme desde ese día.

—¿A dónde vas? —preguntó aún un poco molesto.

—Voy a correr, a  ver si consigo sudar toda esta cruda que tengo —respondí con indiferencia.

—¿Quieres que te acompañe?

—Ambos sabemos que no eres de correr al aire libre. Así que prefiero ir sola. Pero, podrías acercarme. Luego, llamaré a Verónica para que me pase buscando.

—Está bien —contestó con resignación.

Me limité a escuchar música por mi reproductor sin la intención de entablar la más mínima conversación con Héctor. Su territorialidad y estupidez, habían rebasado la paciencia que me quedaba. No tenía caso seguir con esto. Él posó varias veces su mano en mi rodilla, pero al ver que no correspondía el gesto se dio por vencido dejándome sin chistar en el parque donde los fines de semana iba a trotar por las mañanas. Me despedí con un suave beso en la mejilla y me marché antes de que pudiese detenerme.

 

Hice los estiramientos indicados antes de comenzar a correr. Al cabo de minutos trotando sentí que iba a desfallecer, la cruda iba a matarme, así que opté por caminar en su lugar. Caminaba a paso decidido, esforzándome por sudar todo lo que pudiera, me mantuve a ese paso durante poco más de una hora. Al terminar, compré una botella de agua en uno de los puestos del parque y me senté  en un banco para intentar recobrar el aliento. Estaba concentrada en mi respiración cuando entonces le vi.

Era el hombre más apuesto que había visto en mis largos veintitrés años. Debía tener más de treinta por lo que supuse, pero estaba para comérselo y no solo con los ojos. Medía quizás metro ochenta y cinco o más. Era alto, de espalda ancha, piernas gruesas y torneadas, la playera que llevaba se pegaba muy bien a su torso producto del sudor, los shorts negros que vestía, resaltaban su fabuloso trasero. No podía dejar de mirarle estirar a metros de distancia frente a mí. Tenía el cabello oscuro y una barba bastante poblada cubría sus mejillas y mandíbula. No pude distinguir el color de sus ojos, debían ser igual de sexys que ese escultural hombre.

Los hombres que me rebasaban tanto en edad no eran mi tipo, nunca había ido tan lejos, no obstante, por aquel hombre no me importaba romper mis propias reglas. Tampoco, me solían gustar los hombres con vello facial, pero aquel, Dios, iba más allá de mi imaginación. Tenía que ir tras él, debía estar en mi lista, coleccionar su corazón. Nunca tenía que esforzarme en seducir porque siempre se acercaban a mí, así que estos seis meses habían resultado bastante fáciles. Estaba dispuesta a ir a hablarle a aquel adonis cuando mi móvil sonó sacándome del trance sexual en el que me encontraba.

—Paula… —respondí molesta.

—Alguien se ha levantado con un humor de perros esta mañana —respondió con diversión mi amiga al otro lado de la línea.

—¿Qué quieres? —me giré para ponerme cómoda en el banco.

—Estoy bien, gracias por preguntar —respondió con fingida indignación—. Quería saber cómo habías amanecido luego de la pasada de ayer.

—Respecto a eso ¿Cómo rayos acabé en mi cama? No recuerdo nada luego de la cuarta ronda de margaritas y la ronda de chupitos de tequila —le confesé.

—Sí, esas fueron muchas margaritas. Al menos, dime que recuerdas al hermoso piloto de anoche.

Recordé fragmentos de anoche. Las cosas habían estado tranquilas en Sweet Temptation pero luego en Coconut Bar, se habían puesto alocadas. Había un grupo de pilotos que acababan de aterrizar, eran endemoniadamente apuestos. Nos habían estado enviando rondas de tragos hasta que se decidieron  acercar. Uno de ellos, no se despegó de mi lado hasta donde recordaba. El perfume que usaba era un Dolce recuerdo bien, delicioso. Había lamido sal de su cuello y arrancado el limón de su boca en la ronda de tequila. Recordaba haberme besado, era muy ágil con la lengua. Nada más luego de eso.

—Dime que al menos fue un buen polvo —me sacó mi amiga de mi distracción.

—Sólo recuerdo la ronda de chupitos y un par de besos —le confesé. Comenzaba a dolerme la cabeza de nuevo.

—Bueno, lo que yo vi fue más de un par de beso. Se estaban comiendo literalmente.

—Dime que no… que nosotros no… Oh por Dios —me llevé una mano al rostro avergonzada.

—Tranquila, tranquila. No ha sucedido nada. Además, cuando noté que estabas como una cuba, te llevé a casa —suspiré y agradecí a mi amiga en el alma—, debes comenzar a bajarle un poco al ritmo chica.

—En eso tienes razón —concordé con ella.

—Y ¿qué hay de Héctor? ¿Han hablado luego de las incesantes llamadas de anoche?

—Sí, se ha aparecido en el apartamento con el desayuno.

—Menudo cabrón hipócrita —rezongó mi amiga—, sólo ha ido a asegurarse que has llegado a casa y que no has metido a nadie en tu cama. Por el momento.

—Probablemente —me reí. Ella se unió a mi risa.

—Paula, creo que terminaré con Héctor —le dije luego de un rato.

—¿Por qué? —se sorprendió—. ¿Has dejado a un lado el experimento?

—No, por supuesto que no. No le necesito para seguir con el experimento. Sólo que él ya me ha cansado con su posesividad y machismo interminable, he decidido pasar de él.

—A ver si entiendo —me detuvo mi amiga tomándose unos segundos para pensar—. Seguirás con ese experimento de infidelidad, pero dejarás a tu novio. No lo entiendo.

—No necesito un novio en todo el sentido de la palabra. Sólo necesito salir con alguien. Además, ya he probado un poco el experimento teniendo novio. Pero, el hecho de lo que pasó esa noche interfiere. Por eso creo que comenzaré de cero.

—¿Te refieres a esa noche en Manuma Bar, cuando le vimos manoseando a aquella rubia? —preguntó aunque era más una afirmación.

—Sí.

—No sé cómo no le saltaste en ese momento y le sacaste los ojos al muy sinvergüenza —Paula estaba realmente molesta. Desde que Héctor y yo habíamos regresado hace un año ella le detestaba y lo que habíamos visto esa noche en el bar había sido la guinda del pastel.

—Bueno, porque me di cuenta que eso ya me lo esperaba, solo quería comprobarlo y lo peor, es que no me dolió o importó. Por eso, necesito a un chico que me guste y borrón y cuenta nueva.

—Quizás sí. Aunque, al menos conseguiste vengarte del muy malnacido, aunque no lo sepa. Porque aquel cliente con el que saliste un par de veces y el chico del bar del otro día estaban para chupárselos… los dedos —rió mi amiga con morbo—, sin contar al piloto de anoche. Mira que me ha dejado su número para que le llames. Me ha pedido el tuyo pero le he dicho que te lo han robado. No estaba segura de como querías manejarlo.

—Ha sido mejor que no se lo hayas dado. Envíame su número que quizás es un buen comienzo darle con él —reí.

—Bueno, te dejo que debo terminar de hacer la colada para estar lista para esta noche.

—Recuerda que no puedes faltar a lo de mi madre.

—Cierto, estaba a punto de hacer planes —se quejó. La conocía también que supuse estaba haciendo un mohín en ese momento—, envíame la dirección. Intentaré llegar.

—Paula…. —la reprendí.

—Está bien, está bien, ahí estaré. Nos vemos, chica.

—Adiós.

Cuando miré en dirección a donde se encontraba hace unos momentos el escultural adonis, ya no se encontraba.

—Demonios Paula ¿Por qué no llamaste más tarde? —me quejé por lo alto.

Me había perdido la oportunidad de mi vida. Me hundí en el banco con resignación, definitivamente no era mi día. No estaba destinado a ser. Ese espectacular hombre, no iba a caer en mis redes. Me levanté  con frustración, pensé en enviarle un mensaje a Verónica puesto que en algún momento debía volver al apartamento, aunque quizás anoche, como todas las noches de chicas lo más seguro es que había terminado en el apartamento de Arturo, su novio. Estaba a media hora de distancia del apartamento, el sol estaba incandescente y la cruda no terminaba de salir de mi sistema, así que decidí caminar con la esperanza de que al llegar al piso habría sudado lo suficiente.

Les dejo el link de Yo no soy nadie de Alejandra Guzmán ft Fonseca. Una canción que describe perfectamente a Laura en este libro.

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